“Can Sant Joan, una historia en construcción”, por David Soler

Can Sant Joan, también conocido como Montcada Bifurcación o, simplemente, Bifurca, es la primera zona residencial que encontramos al salir de Barcelona por la Meridiana en dirección norte, hacia el Vallès. Después de pasar la Trinitat, tomar la C-17 y dejar a la derecha el barrio de Vallbona -que los de Bifurca también conocían como El Hondo-, ahí está un barrio de Montcada i Reixac. Tan lejos y tan cerca. Y esa proximidad a la metrópoli ha articulado su historia y seguirá condicionando su futuro.

Este barrio es el protagonista del libro Breve historia de Can Sant Joan, editado con motivo del 65 aniversario de la Agrupación de Vecinos de Can Sant Joan, un referente entre las organizaciones vecinales que han destacado por su perseverancia en la defensa proactiva de los derechos sociales.

Hablamos de un barrio obrero, ubicado más allá de la periferia, allí donde -literalmente-, la ciudad cambia su nombre, como diría Paco Candel. Pero las ciudades, aunque cambien su nombre, no deben dejar de ser aquello para lo que fueron concebidas: un espacio para habitar. Eso debiera ser así, pero sabemos que los entornos urbanos se transforman y que con frecuencia lo hacen en función de que a una clase social hegemónica le da por configurar unos barrios como muy residenciales y otros como barriadas precarizadas que han de estar a su servicio.

Así, lo que en Montcada i Reixac era un espacio rural pasó a ser, primero, un territorio de segunda residencia de gente humilde y después, en muy pocos años, primera residencia de familias trabajadoras. Esto es, un espacio urbanizado de una metrópoli que se ha extendido para proveer de hábitat a quienes no pueden pagar el precio de una vivienda dentro de los límites de la gran ciudad. En este caso un hábitat urbano, el de Can Sant Joan, marginalizado, donde cada infraestructura y recurso público se ha hecho realidad a través de la fuerza social de la autoorganización vecinal y de las movilizaciones sostenidas a lo largo de décadas.

Conozco esta historia porque he vivido en este barrio. En él di mis primeros pasos editoriales colaborando en la Hoja Informativa y como corresponsal de prensa. Desde ahí empecé a trabajar en una imprenta recién salida de la clandestinidad y me formé como editor. Y, siguiendo el hilo, he participado en la edición de Breve historia de Can Sant Joan: todo un ejercicio de evocación de un patrimonio cultural común y de recuperación de la memoria colectiva. Una aportación esencial para comprender cómo es y cómo se ha gestado la personalidad de este barrio, y para intuir de qué manera las nuevas generaciones pueden participar en lo que haya de ser su futuro.

Con todo, pienso que todavía queda por incorporar a ese patrimonio un análisis de la historia socioeconómica del barrio. Y ahí habría que considerar tanto su significación como espacio urbano como lo que representa la función de sus habitantes en cuanto agentes de la transformación económica de Barcelona. Una urbe en la que, hasta hace muy pocas décadas, su clase dirigente necesitaba mano de obra barata y de proximidad para sus procesos de producción industrial. Y que ahora, una clase dirigente globalizada requiere para una economía tercerizada, en el marco de una región metropolitana avocada a una creciente turistización. Barcelona fue en 2025 la ciudad más visitada del mundo.

Can Sant Joan no está exenta de las dinámicas que promueve el lobby de la industria turística con el apoyo del Ayuntamiento de Barcelona. Cuando este promociona una ruta para llevar turistas al Rec Comtal -recuperado con el esfuerzo y la movilización del vecindario-, no hace otra cosa que incorporar un patrimonio común a una Barcelona ávida de nuevos recursos escénicos, dar un paso más en la mercantilización del espacio público y banalizar lo que es un eje vertebrador de la cultura del barrio.

Intrahistoria y cultura

En el libro Breve historia de Can Sant Joan se articula un relato construido esencialmente en torno a las actividades de una Agrupación de Vecinos con 65 años de vida. Se trata de una aportación muy valiosa, resultado del intercambio de experiencias personales y colectivas, expresadas a través de imágenes y textos breves que nos hablan de iniciativas de personas, individuales y comunitarias, de historias de vida. De la intrahistoria. Un concepto con el que el filósofo Miguel de Unamuno hacía referencia a la vida cotidiana de las personas que no aparecen en los grandes relatos de la historia, pero que constituyen el verdadero tejido de la sociedad. Personas anónimas que viven, trabajan, hablan, aman o luchan a diario.

Y este es un ámbito en el que se debería profundizar. Las experiencias de autoorganización popular, más allá de resultar eficientes en cuanto a conseguir mejoras en la calidad de vida de las personas (infraestructuras, servicios, ocio, salud, etc.), son una forma de hacer, relacionarse, expresarse y sentir como propia la vida cotidiana. Así, el tejido social configura y expresa una cultura compartida que cuestiona la marginalidad y se alza como voz propia de “los que no tienen nombre” -en palabras del filósofo Walter Benjamin-, que dejan de ser seres anónimos para formar parte de una construcción histórica local.

Esa cultura comunitaria tiene sus canales y sus formas. Canales que se caracterizan por la participación democrática del vecindario en el quehacer colectivo a través de grupos o entidades, con diferentes niveles de estructuración y con las finalidades más diversas. Y formas que se identifican con la libre expresión a través de la literatura, el arte, la música, el ocio o la diversión, que abarcan a todas las edades y colectivos sociales.

Can Sant Joan es un ejemplo de cómo frente a la invisibilidad y la marginación es posible conseguir el reconocimiento y la visibilización. Es muy recomendable perderse un poco por sus calles para constatar cómo muros anodinos han cobrado vida a través de murales que deben entenderse como una forma de expresión cultural y una herramienta de comunicación vecinal, de reivindicación y de construcción comunitaria. Las paredes sirven para hablar de luchas contra la contaminación o por la atención sanitaria, de los derechos de las mujeres o de las escuelas, y también de poesía. En un contexto donde la cultura a menudo se concentra en los centros urbanos y en circuitos cerrados, el arte en los barrios periféricos dignifica el territorio y reivindica el derecho a la belleza, a la historia y a una voz propia. Este patrimonio visual y comunitario es testimonio de una creatividad popular que ha sabido transformar el cemento en narración, y el olvido en presencia.

 

David Soler
Editor
30 diciembre 2025

 

Breu història de Can Sant Joan | Breve historia de Can Sant Joan
José Luis Conejero i David Soler


214 pàgs., 21 x 21 cm, Rústica
ISBN edició impresa: 9788410238763
ISBN edició digital PDF: 9788410238756
Montaber (Barcelona)

Ja està disponible a la nostra web www.montaber.es